Él/ In da Club / Folletín dieciochesco en los tresmiles 2/2
Se echaron a caminar por el primer callejón que prometía cierta intimidad y, por qué no decirlo, aventura. Uno esperaba a que el otro comenzara la conversación ya que, desde luego, de algo tendrían que hablar y surgió la pregunta obligada, llena de contenido:
-"A dónde vamos?" espetó ella.
-"No sé, tal vez a otro bar?, a tu casa? a la mía?"
-"Joder como vamos... ese es un orden de preferencias a la inversa o qué?"
La evidencia hormonal, la careta rota, fuera romanticismo de estos parajes...
-"Pues sí, se puede ver de esa manera aunque tampoco te mentiría si fuese al contrario"
-"Lo que has dicho no tiene sentido." Ríen, ríen juntos, pensó que no iba mal la cosa.
Dos pasos, una mano en la cintura rápidamente retirada, otro paso y la agarra del brazo, ella gira como en una coreografía ensayada de antemano. La notó torpe, sin práctica ( aunque posiblemente también era culpa suya), como si estuviera imitando el movimiento de dos actores en una película; se acercó frontalmente y lo último que vió fueron sus ojos bizqueando a medida que trataban de enfocar su nariz... primero un leve chasquido de diente contra diente, la cosa se fue relajando y se quedaron un rato pasándo por un largo beso que, unido a las copas anteriores, acabó por dar sopor.
Ya abrazados siguieron caminando por el empedrado mojado, bromeando con la posibilidad de encontrar un bar abierto a esas horas... ambos sabían que no lo iban a encontrar pero se encontraban a gusto en la pantomima. Era evidente que ninguno de los dos tenía la más remota idea de lo que estaba pensando el otro.
-"A qué te dedicas?" Preguntó él, esperando que la ocupación de ella supusiera un nivel de ingresos menor al suyo.
-"Soy educadora social. Trato con niños discapacitados. "
Comenzaba a lloviznar, miró al cielo y se maravilló con el abanico de pequeñas gotas que caía bajo la luz de las farolas. Trataba con niños subnormales. Siempre pensó que su gato era subormal, al recordarlo se sintió mal ya que de forma inconsciente estaba guiando a la chica hacia su casa y seguramente el gato los recibiría maullando por el hambre, probablemente se habría cagado en algún rincón, el muy subnormal del gato.
-"Y tú?" Pregunto ella mientras le acariciaba la palma de la mano con el anular.
-"Soy picapleitos, me dedico a viajar a Madrid a ver como dos peces gordos se pelean por acciones de empresas absurdas." Se le cruzaron por la cabeza el calentón, la cara de un anormal, su jefe y, como no, de nuevo el gato.
-"Gente como De la Rosa?"
-"No, más que nada tenderos enriquecidos. Siempre me ha dado la sensación de que son gente a la que le ha caído una bolsa de dinero encima y en vez de irse a las Bahamas se han liado en negocios que ni ellos mismos entienden".
Se hizo el silencio, torcieron por la Rambla a la izquierda y enfilaron por la calle Hospital; no había duda, directos a su casa. Se besaron un par de veces por el camino, besos cortos y un tanto desapasionados. De repente ella gritó.
-"Joder!!! He pisado una mierda!!!" Se puso pálida y parecía que evitaba mirarse el zapato. Él la observaba buscar ansiosamente un sitio donde restregar la suela del zapato. parecía fuera de sí.
-"No te preocupes, dicen que da suerte!"
-"Qué suerte ni que leches?!!! ESTO ES MIERDA, ENTIENDES!!!"
Estaba perdiendo completemente los papeles, él se mantuvo un poco al margen mientras la veía restregar el zapato contra un bordillo, dejando sobre los adoquines pequeños pliegues de excremento. Sería mierda humana o animal? Quién sabe, de todas formas la cosa se ponía fea. Vaya una estampa, la chica jadeaba tratándo frenéticamente de limpiarse, a cierta distancia de donde él se encontraba. No había nada que hacer, la líbido perdida, la noche estaba en silencio. Pasó un taxi a su lado y se decidió a pararlo. Ella giró la cabeza desde el otro lado de la acera e hizo ademán de dirigirse hacia el coche parado.
- " A la plaza de España, por favor." El taxista se dispuso a esperar un rato a que la ella se acercara. Él espetó: -"La chica prefiere quedarse"
El taxi arrancó sin más preguntas. Penó que le podría dar unos trozos de jamón york al subnormal del gato.
Se echaron a caminar por el primer callejón que prometía cierta intimidad y, por qué no decirlo, aventura. Uno esperaba a que el otro comenzara la conversación ya que, desde luego, de algo tendrían que hablar y surgió la pregunta obligada, llena de contenido:
-"A dónde vamos?" espetó ella.
-"No sé, tal vez a otro bar?, a tu casa? a la mía?"
-"Joder como vamos... ese es un orden de preferencias a la inversa o qué?"
La evidencia hormonal, la careta rota, fuera romanticismo de estos parajes...
-"Pues sí, se puede ver de esa manera aunque tampoco te mentiría si fuese al contrario"
-"Lo que has dicho no tiene sentido." Ríen, ríen juntos, pensó que no iba mal la cosa.
Dos pasos, una mano en la cintura rápidamente retirada, otro paso y la agarra del brazo, ella gira como en una coreografía ensayada de antemano. La notó torpe, sin práctica ( aunque posiblemente también era culpa suya), como si estuviera imitando el movimiento de dos actores en una película; se acercó frontalmente y lo último que vió fueron sus ojos bizqueando a medida que trataban de enfocar su nariz... primero un leve chasquido de diente contra diente, la cosa se fue relajando y se quedaron un rato pasándo por un largo beso que, unido a las copas anteriores, acabó por dar sopor.
Ya abrazados siguieron caminando por el empedrado mojado, bromeando con la posibilidad de encontrar un bar abierto a esas horas... ambos sabían que no lo iban a encontrar pero se encontraban a gusto en la pantomima. Era evidente que ninguno de los dos tenía la más remota idea de lo que estaba pensando el otro.
-"A qué te dedicas?" Preguntó él, esperando que la ocupación de ella supusiera un nivel de ingresos menor al suyo.
-"Soy educadora social. Trato con niños discapacitados. "
Comenzaba a lloviznar, miró al cielo y se maravilló con el abanico de pequeñas gotas que caía bajo la luz de las farolas. Trataba con niños subnormales. Siempre pensó que su gato era subormal, al recordarlo se sintió mal ya que de forma inconsciente estaba guiando a la chica hacia su casa y seguramente el gato los recibiría maullando por el hambre, probablemente se habría cagado en algún rincón, el muy subnormal del gato.
-"Y tú?" Pregunto ella mientras le acariciaba la palma de la mano con el anular.
-"Soy picapleitos, me dedico a viajar a Madrid a ver como dos peces gordos se pelean por acciones de empresas absurdas." Se le cruzaron por la cabeza el calentón, la cara de un anormal, su jefe y, como no, de nuevo el gato.
-"Gente como De la Rosa?"
-"No, más que nada tenderos enriquecidos. Siempre me ha dado la sensación de que son gente a la que le ha caído una bolsa de dinero encima y en vez de irse a las Bahamas se han liado en negocios que ni ellos mismos entienden".
Se hizo el silencio, torcieron por la Rambla a la izquierda y enfilaron por la calle Hospital; no había duda, directos a su casa. Se besaron un par de veces por el camino, besos cortos y un tanto desapasionados. De repente ella gritó.
-"Joder!!! He pisado una mierda!!!" Se puso pálida y parecía que evitaba mirarse el zapato. Él la observaba buscar ansiosamente un sitio donde restregar la suela del zapato. parecía fuera de sí.
-"No te preocupes, dicen que da suerte!"
-"Qué suerte ni que leches?!!! ESTO ES MIERDA, ENTIENDES!!!"
Estaba perdiendo completemente los papeles, él se mantuvo un poco al margen mientras la veía restregar el zapato contra un bordillo, dejando sobre los adoquines pequeños pliegues de excremento. Sería mierda humana o animal? Quién sabe, de todas formas la cosa se ponía fea. Vaya una estampa, la chica jadeaba tratándo frenéticamente de limpiarse, a cierta distancia de donde él se encontraba. No había nada que hacer, la líbido perdida, la noche estaba en silencio. Pasó un taxi a su lado y se decidió a pararlo. Ella giró la cabeza desde el otro lado de la acera e hizo ademán de dirigirse hacia el coche parado.
- " A la plaza de España, por favor." El taxista se dispuso a esperar un rato a que la ella se acercara. Él espetó: -"La chica prefiere quedarse"
El taxi arrancó sin más preguntas. Penó que le podría dar unos trozos de jamón york al subnormal del gato.
