Monday, March 27, 2006

Él/ In da Club / Folletín dieciochesco en los tresmiles 2/2



Se echaron a caminar por el primer callejón que prometía cierta intimidad y, por qué no decirlo, aventura. Uno esperaba a que el otro comenzara la conversación ya que, desde luego, de algo tendrían que hablar y surgió la pregunta obligada, llena de contenido:
-"A dónde vamos?" espetó ella.
-"No sé, tal vez a otro bar?, a tu casa? a la mía?"
-"Joder como vamos... ese es un orden de preferencias a la inversa o qué?"
La evidencia hormonal, la careta rota, fuera romanticismo de estos parajes...
-"Pues sí, se puede ver de esa manera aunque tampoco te mentiría si fuese al contrario"
-"Lo que has dicho no tiene sentido." Ríen, ríen juntos, pensó que no iba mal la cosa.
Dos pasos, una mano en la cintura rápidamente retirada, otro paso y la agarra del brazo, ella gira como en una coreografía ensayada de antemano. La notó torpe, sin práctica ( aunque posiblemente también era culpa suya), como si estuviera imitando el movimiento de dos actores en una película; se acercó frontalmente y lo último que vió fueron sus ojos bizqueando a medida que trataban de enfocar su nariz... primero un leve chasquido de diente contra diente, la cosa se fue relajando y se quedaron un rato pasándo por un largo beso que, unido a las copas anteriores, acabó por dar sopor.

Ya abrazados siguieron caminando por el empedrado mojado, bromeando con la posibilidad de encontrar un bar abierto a esas horas... ambos sabían que no lo iban a encontrar pero se encontraban a gusto en la pantomima. Era evidente que ninguno de los dos tenía la más remota idea de lo que estaba pensando el otro.
-"A qué te dedicas?" Preguntó él, esperando que la ocupación de ella supusiera un nivel de ingresos menor al suyo.
-"Soy educadora social. Trato con niños discapacitados. "
Comenzaba a lloviznar, miró al cielo y se maravilló con el abanico de pequeñas gotas que caía bajo la luz de las farolas. Trataba con niños subnormales. Siempre pensó que su gato era subormal, al recordarlo se sintió mal ya que de forma inconsciente estaba guiando a la chica hacia su casa y seguramente el gato los recibiría maullando por el hambre, probablemente se habría cagado en algún rincón, el muy subnormal del gato.
-"Y tú?" Pregunto ella mientras le acariciaba la palma de la mano con el anular.
-"Soy picapleitos, me dedico a viajar a Madrid a ver como dos peces gordos se pelean por acciones de empresas absurdas." Se le cruzaron por la cabeza el calentón, la cara de un anormal, su jefe y, como no, de nuevo el gato.
-"Gente como De la Rosa?"
-"No, más que nada tenderos enriquecidos. Siempre me ha dado la sensación de que son gente a la que le ha caído una bolsa de dinero encima y en vez de irse a las Bahamas se han liado en negocios que ni ellos mismos entienden".
Se hizo el silencio, torcieron por la Rambla a la izquierda y enfilaron por la calle Hospital; no había duda, directos a su casa. Se besaron un par de veces por el camino, besos cortos y un tanto desapasionados. De repente ella gritó.
-"Joder!!! He pisado una mierda!!!" Se puso pálida y parecía que evitaba mirarse el zapato. Él la observaba buscar ansiosamente un sitio donde restregar la suela del zapato. parecía fuera de sí.
-"No te preocupes, dicen que da suerte!"
-"Qué suerte ni que leches?!!! ESTO ES MIERDA, ENTIENDES!!!"
Estaba perdiendo completemente los papeles, él se mantuvo un poco al margen mientras la veía restregar el zapato contra un bordillo, dejando sobre los adoquines pequeños pliegues de excremento. Sería mierda humana o animal? Quién sabe, de todas formas la cosa se ponía fea. Vaya una estampa, la chica jadeaba tratándo frenéticamente de limpiarse, a cierta distancia de donde él se encontraba. No había nada que hacer, la líbido perdida, la noche estaba en silencio. Pasó un taxi a su lado y se decidió a pararlo. Ella giró la cabeza desde el otro lado de la acera e hizo ademán de dirigirse hacia el coche parado.
- " A la plaza de España, por favor." El taxista se dispuso a esperar un rato a que la ella se acercara. Él espetó: -"La chica prefiere quedarse"
El taxi arrancó sin más preguntas. Penó que le podría dar unos trozos de jamón york al subnormal del gato.

Tuesday, March 07, 2006

Él / In da club

1/ 2 folletín dieciochesco en los dosmiles


Estaba parado, apoyado en un columna del subterráneo, notaba así el omoplato izquierdo rozando levemente la esquina de hormigón de la viga maestra, sobre la que descansaban unas 200 toneladas de enseres personales, lavadoras y suelos enmoquetados de edificio que se abalanzaba sobre las cabezas de los parroquianos . Pensó que todo ese peso también se sostenía sobre él en ese mismo instante. El lugar estaba atestado. Vió a un grupo de ingleses (dedujo que así lo eran debido a la escasa ropa que llevaban) que bailaban empujándose unos a otros, giró la cabeza y no dejó de notar el curioso peinado de una chica en falda corta y bailarinas. Conocía a algunos pero casi que no. No, no los conocía; se volvió, vió un hueco en la barra, una camarera libre y se dispuso a pedir una bebida.

- "Un gintonic!!!" Se pudo escuchar un pequeño gallo en la sílaba NIC. -"Beefeater?" -"No, Bombay" -"Son 12 euros." Se puso a rebuscar en la cartera: 2 billetes de 5, uno de 20, varias monedas y una tarjeta sim de un móvil que tuvo hace tiempo. Alargó el billete de 20 pensando que ya sacaría más tarde.


Empieza a sonar "Atomic" de Blondie (tengo preparada la siguiente y va a ser "Papa was a Rolling Stone"), un trago, una calada y de repente deja de sonar la música. La voz de la chica con la que converso me resulta de golpe extremadamente aguda... la tapa de potencia se ha desconectado, abucheos mezclados con aplausos. Lo arreglo en un periquete y vuelvo a oir el bombo a negras.

Se encendió un cigarro y pensó que ya llevaba demasiado tiempo sin acostarse con nadie, demasiado tiempo sin notar el tacto depilado de una compañera nocturna. Demasiado tiempo, "Un año tal vez?" murmuró. Era el quinto cigarrillo en línea y ya llevaba un año, Cinco, uno... demasiado. Alguien le empujó y la gente empezó a silbar y a aplaudir como loca, de repente no había música y, al girarse para evitar que alguien derramara los 12 euros que llevaba en la mano, la vió. Ella también le vió a él. No dejaron de verse en un par de minutos, pero el equipo de sonido ya zumbaba de nuevo sobre una línea de bajo infectada, perdida, pélvica. A bailar.

-"Tienes fuego?" Se había acercado seguro, sin dejar de mirarla, nervioso pero seguro. -"Creo que tengo unas cerillas por aqui en el bolso... espera un segundo." Le sonrió.
-"Cerillas? Dicen que el tabaco sabe mejor si lo enciendes con ellas, pero que debes evitar aspirar la primera calada porque el fósforo puede acabar en tus pulmones" Comentó, observando como la chica rebuscaba en el bolso.
Se detuvo a analizarla un instante. Pelo moreno liso, con flequillo, sin arreglar demasiado, no hay maquillaje distinguible. Ojos al parecer oscuros, redondos, grandes, enmarcados en una cara más bien redonda, con excesiva barbilla. Blanca, tan blanca que en algún punto parece amarilla, amarillo sucio. Cuerpo pequeño, compacto,las rodillas ligeramente arqueadas hacia adentro, formando una estilizada equis. Pechos indistinguibles... luz.
-"Está encendido?" -"No. Déjame las cerillas, ya me lo enciendo yo."
-"No aspires la primera!" Ella rie, él intenta reír mientras se enciende el cigarro.
-"No te preocupes!!! Quieres bailar?"
-"Sí."

Se alejan hacia la pista a codazos y empujones. Aunque la pista es toda el área practicable, muchos codazos y muchos empujones. Estaba sudando y aspiró el olor a perfume caliente que le llegaba (desde la increíble distancia de medio metro) del cuello de la chica. Aún no sabía su nombre..¨
-"Como te llamas?!"
- "Anna!, y tú?"
-"Pedro, soy gallego y tú?"
- "Catalana..."
Se quedaron callados moviéndose maquinalmente al ritmo de una canción de los Cardigans.

La miraba, la miraba y apartaba la mirada. Bailaba bien, suavemente, sin estridencias...Le ignoraba pero no. La miraba, la miraba y apartaba la mirada... se acercó un poco más. No había conversación aparente. Pasaron dos minutos y ocho canciones cada vez más cerca, más perfume.
Un paso hacia delante y...
-"Quieres tomar algo?" Supuso que le olía el aliento a tabaco
-"Desde luego, invitas? -"Pues la verdad es que esperaba que invitaras tú!" Touché.
-"Tú ya te puedes dar por invitado, un vodka limón"
Pensó que no era el mejor de los comienzos pero que tenía gracia. Por un momento se notó el pecho empapado, cierto canguelo y se olvidó de que tenía polla o por lo menos donde estaba.

Le resultó imposible pedir nada, a esas alturas el local estaba en defcontres. Apenas si alcanzaba a ver a nadie en la marabunta, ésta se había convertido en un ente abstracto e impersonal. No había vida allí, sólo obstáculos. Alguien al lado suyo le confundió con un amigo y comenzó un soliquio sobre otra persona que a los dos les importaba un carajo. A él, porque no la conocía, al otro por el tono de su voz. Cortó a su improvisado compañero con un insulto mascullado mientras revisaba si llevaba lo mismo en los bolsillos que cuando había llegado; lo llevaba, e incluso algo más... las cerillas de ella. Ella, mucho tiempo sola, mucho loco suelto... no tenía copas en las manos.
Con la sensación de la derrota, echó una ojeada a la muchedumbre. Masa compacta de hueso, músculo y grasa, aliñada con trapitos de megatienda. Se decidió a esperar cada vez más desesperado. La boca muy seca, deseó tener esa copa, incluso agua. Pensó en el gato, llevaba más de dos días sin comida y le comenzaron a atormentar los maullidos, le vino a la mente la cara de su jefe en el buffet perdiendo los papeles para luego pedir disculpas. Eso le sentó bien.
-"Hola! Pensaba que ya me habías abandonado!" Allí estaba parada, había perdido parte del olor que la caracterizaba para ganar cierto perfume a tabaco y alcohol... a fiesta -"Este es mi amigo Max, es finlandés" (Quién narices es este imbécil con pinta de duende de los bosques?)
- "Hola, encantado de conocerte." Le alargó la mano que el otro se dispuso a ignorar, se limitó a sonreir (De dónde sale este jodido español con pinta de pescador?).
- "Joder, ha resultado imposible conseguir nada! Lo siento pero de momento no hay vodka-limón"
- "No importa, ya tengo. Quieres?" - "Sí."
-"Salimos?, necesito tomar el aire." Ya fuera a la luz de un farol entrecortado, hipeante, pudo medirla desde sus 182 centímetros de altura. Seguía igual de bajita que antes pero sin el finlandés agreste. Compró dos cervezas y, sin saber muy bien que hacer, que decir, se quedó parado a su lado. Ella se arqueaba un tanto piripi sobre el bolso gigantesco de las cerillas, un bolso demasiado grande para lo caro que aparentaba. Pensó que debía manejar dinero, por lo menos debía llevar puestos unos cuantos cientos de euros encima... recordó que debía ir a comprar ropa. -"Caminemos un rato." Se adelantó ella

Fin de la primera parte.